Anda media España revuelta en chascarrillos con las rastas que hace unos días pasearon por el hemiciclo de nuestras Cortes. Hasta Celia Villalobos (la señora que jugaba al Candy Cruhs desde su escaño de vicepresidenta del Congreso), ha dicho "Me da igual que lleven rastas, pero que las lleven limpias para no pegarme piojos".y, más de un diputado de los de traje y corbata, no daban crédito a lo que sus ojos veían por los pasillos de la Cámara.
Particularmente me importa un bledo el estilismo de los diputados, si bien es verdad que pertenezco a la generación que crecimos y nos educaron que el "ato" bueno (la muda nueva), era para las grandes ocasiones y fiestas de especial relevancia. De ahí que no pueda evitar la idea de asociar la solemnidad con los actos formales y serios y el parlamento y ser parlamentario lo considero muy, pero que muy serio. Por tanto en materia de gustos, que quieren que les diga, no me gusta ver a mis diputados en el templo de la soberanía nacional de cualquier forma, al igual que no me gusta que un alumno me acuda a las clases en la Universidad en chanclas y bermudas, pero en fin es cosas de gustos y asunto de menor importancia.
Lo que de verdad me gusta es que sea con rastas o camisa y corbata cumplan con su obligación y se dejen de postureo. El miércoles en las Cortes hubo mucho de postureo, hasta en el escándalo y sorpresa que a unos les produjeron las formas de acudir de los otros bien fuera en coche oficial, andando o en bicicleta. Hubo postureo por la casta de siempre, todos ellos serios, uniformados de traje y corbata para no desentonar, pero la hubo también en los nuevos que también acudieron de uniforme de progre desinhibido e informal. estos últimos, vestían todos camisas a media manga, rastas, barbas, pelo alborotado o recogido en coleta, pero nunca peinado como Dios manda.
«Uniformados unos para dar el pedigrí de serios y formales, uniformados los otros para darlo de progre revolucionario...»
Uniformados unos para dar el pedigrí de serios y formales, uniformados los otros para darlo de progre revolucionario, en definitiva, uniformados ambos de cara al figureo de sus clientelas electorales. Lo sorprendente, lo nuevo, el auténtico cambio de estas novedosas Cortes hubiera sido ver en los partidos de siempre, los de la casta, gentes con rastas y camisa remangada o pelo alborotado. Igual de bueno y novedoso hubiera sido ver algún podemista con camisa y corbata. De haber ocurrido así yo percibiría que en este país las cosas comienzan a cambiar y que en nuestros partidos políticos hay gentes de todas las tipologías que componen la sociedad. Pero no, he visto lo de siempre borreguitos uniformados en grupos donde no existe la menor disensión interna, el menor espacio o resquicio a la crítica interna, ni siquiera en los formalismos del vestir. Donde los díscolos, aunque sea en estilismo, son rechazados y predomina la uniformidad del grupo.Los flamantes diputados de Podemos se hacían la foto en la escalinata del edificio del congreso junto a los leones con una pancarta que rezaba «Lo primero la gente» , mientras coreaban: «Ya está aquí, ya ha llegado, al Congreso y al Senado». Pablo Iglesias, en su fórmula para prometer el cargo, prometió acatar ésta constitución y trabajar para cambiarla añadiendo: «Un país con su gente». .Uno de los nuevos no pudo evitar la emoción del momento y lo expreso de este modo «Ya era hora de que la gente entrara en el Congreso». Naturalmente no podía expresarse mejor, los de Podemos son la gente, toda la gente el resto debe ser otra cosa; la casta o algo así. Ellos, al igual que los nacionalistas o eran todos los Vascos o todos los catalanes, son toda la gente. Se han subrogado el ser la gente de todos los pueblos de España, el resto, deberemos ser o casta o gentuza. En su soberbia infinita no les cabe que ellos son en definitiva un tipo más de gente entre otro muchos.
Por cierto que su tipo, como su estilismo es bastante definible. Se trata de joven urbano de entre treinta y cuarenta años, con estudios universitarios, hijo de clase media muchos de ellos de funcionarios, cuyos padres les han criado en un ambiente de libertad sin mucha presión y, en algunos casos sus progenitore,s han estado ligados a sindicatos, partidos de izquierda y movimientos reivindicativos. Pues bien, no sé si esa tipología de gente había entrado antes en el Congreso, si no lo había hecho hasta ahora, es evidente que lo hace. Pero de ahí a arrogarse pretenciosamente que son la gente, hay un trecho bastante grande.
«La gente, las gentes que yo conozco son más bien de otros tipos...»
La gente, las gentes que yo conozco son más bien de otros tipos, por ejemplo: Conozco a Pepe con cincuenta y bastantes años quien no ha conocido otra cosa que el trabajo duro con el ganado desde niño y que tras trabajar de sol a sol a diario todavía está pagando préstamos bancarios de compras de tractores, utillaje e instalaciones. Conozco a Esther con casi treinta años que, tras estudiar psicología y hacer el Master preceptivo, ha decidido poner una clínica y ser eso que se llama emprendedora, sus padres le han prestado sus ahorros para poder montarla, todavía no cubre gastos y anda esperando las cacareadas subvenciones al emprendimiento. Conozco a Diego, un inmigrante latinoamericano que trabaja en el campo, su mujer lo hace por horas limpiando casas y apenas les alcanza para pagar el piso que compraron y criar a sus hijos. Conozco a Rufino un panadero que no para de ampliar negocios, dar trabajo en ellos y sólo encuentra dificultades e impuestos por doquier. Conozco a Manuel, un honrado empleado, toda la vida dedicada a la misma empresa, y ahora con su pensión se las ve y desea. Conozco a Victor, un joven que termino hace años la ESO sin titular y se marchó antes y con antes a la construcción en la que durante muchos años ganaba un pastón, ahora lleva las tierras de su abuelo para sobrevivir... En fin, conozco muchos tipos de gente, como también conozco vuestra tipología, me la encuentro a diario en mis clases, tengo compañeros de trabajo con acta de diputado regional por vuestras siglas, os puedo asegurar que vuestro tipo es muy peculiar y desde luego poco representativo de la gente en general que se las tiene que ver día a día para ganarse el sustento. Arrogarse por ello que sois la gente, es cuanto menos muy pero que muy pretencioso. Dejaos de postureo y coñas, vestir como os venga en gana y poneros de una vez a trabajar por cambiar las condiciones de la gente o sereis más casta que la casta que criticais.








