«El rostro personal de la crisis»
No ocupó ni siquiera un pequeño espacio en el telediario de Antena 3 que se han convertido últimamente en una especie de "El Caso", tampoco en la prensa escrita. Sin embargo ayer, M.P. padre de familia, obrero de la construcción en paro, subsidiado de 300 euros, desalojado por falta de pago del piso de alquiler donde vivía con anterioridad y vecino de Hospitalet de Llobregat se ahorcó en un parque cercano a la vivienda social que ilegalmente había ocupado al notificársele que iba a ser desahuciado.
Este rostro anónimo de la crisis, se había personado previamente días atrás en el Ayuntamiento de la localidad para pedir que realojaran a su familia en un albergue "porque hacía mucho frío para quedarse tirado en la calle con su familia". Cuando desde los servicios sociales le comunicaron que no podían hacer nada, como último recurso, el fallecido solicitó en dos ocasiones (la última el mismo día del suicidio), una demora de un mes en la orden de ejecución del desahucio.
Finalmente, unas horas antes de que se fuera a producir el anunciado desalojo de la vivienda social ocupada, salió para ahorcarse en un parque cercano.
Seguramente todo el mundo actuó como debía o podía; pero pocas veces, un suceso tan lamentable muestra, como este, de forma descarnada, con nombres y apellidos, la parte más cruel de la crisis de la que todos hablamos. Aunque ciertamente la padecemos todos de una u otra forma o conocemos situaciones difíciles en nuestro entorno, hay en el trágico y luctuoso final de M. P. un poso de dignidad, y desesperación que nos avergüenza a todos, aunque ni le conociéramos y, por tanto, nada pudimos hacer por remediarlo.
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No ocupó ni siquiera un pequeño espacio en el telediario de Antena 3 que se han convertido últimamente en una especie de "El Caso", tampoco en la prensa escrita. Sin embargo ayer, M.P. padre de familia, obrero de la construcción en paro, subsidiado de 300 euros, desalojado por falta de pago del piso de alquiler donde vivía con anterioridad y vecino de Hospitalet de Llobregat se ahorcó en un parque cercano a la vivienda social que ilegalmente había ocupado al notificársele que iba a ser desahuciado.
Este rostro anónimo de la crisis, se había personado previamente días atrás en el Ayuntamiento de la localidad para pedir que realojaran a su familia en un albergue "porque hacía mucho frío para quedarse tirado en la calle con su familia". Cuando desde los servicios sociales le comunicaron que no podían hacer nada, como último recurso, el fallecido solicitó en dos ocasiones (la última el mismo día del suicidio), una demora de un mes en la orden de ejecución del desahucio.
Finalmente, unas horas antes de que se fuera a producir el anunciado desalojo de la vivienda social ocupada, salió para ahorcarse en un parque cercano.
Seguramente todo el mundo actuó como debía o podía; pero pocas veces, un suceso tan lamentable muestra, como este, de forma descarnada, con nombres y apellidos, la parte más cruel de la crisis de la que todos hablamos. Aunque ciertamente la padecemos todos de una u otra forma o conocemos situaciones difíciles en nuestro entorno, hay en el trágico y luctuoso final de M. P. un poso de dignidad, y desesperación que nos avergüenza a todos, aunque ni le conociéramos y, por tanto, nada pudimos hacer por remediarlo.

