Como tantos jumillanos por estas fechas, realicé anteayer una escapada a la capital del Reino Taifa para comprar algunos de esos artículos que bien podría adquirir uno en su pueblo con algo de esfuerzo y termina llevándose de Murcia. Sonaba durante el viaje una emisora murciana en la que entrevistaban a un ciudadano (digo bien, no aldeano), de La Alberca. Al buen hombre le preguntaron por los servicios de su pedanía y se despachó a gusto (peores carreteras, peor autobus urbano, peor atención...). Sostenía que todo era para Murcia Centro y que las pedanías estaban totalmente olvidadas "como si estuvieran a más de media hora de camino", es decir, que daba por hecho que si vives a más de treinta kilómetros de Murcia no tienes derecho a ser recordado. La locutora le preguntó, para finalizar, qué deseo pediría a los Reyes magos, y el aldeano (y digo bien, no ciudadano) respondió que deseaba "que no lloviera más en Murcia", puesto que estaban construyendo la piscina de La Alberca en el cauce de la Rambla de Los Cantos y si bajaban las aguas podría estropearla. Yo pensé en ese momento que la locutora le daría un pequeño tirón de orejas al inconsciente aldeano por poner por delante de nuestra conocida falta de agua el interés particular del urbanismo irresponsable. Pues no; la señora, muy profesional, reconoció que llevávamos unas semanas de mucha lluvia y que ya estaba bien; ¡y reiteró el deseo del pedáneo! Tras este susto radiofónico llegó el pan nuestro de cada día, con los horrorosos atascos a la entrada de la urbe que todos conocemos.
Aquí viene la reflexión.
Me parece a mí que es más que evidente la extraña relación que el murciano tiene con el agua, sobre todo por el problema de las avenidas, que se traduce en dichos como "por mi viñica", que desea el agricultor si llueve bien y "por la del vecino", si apedrea. El agua es mala y buena a la vez, lo que crea una extraña esquizofrenia que ha pasado a las urnas. Tenemos media vida en la poltrona del Reino Taifa a un señor, un tal Valcárcel, cuyo eslogan repetido hasta la saciedad en los últimos años ha sido "Agua para Todos". Curiosamente, cuando coincidió su gobierno con el de José María Aznar, desde el lejano 1996 al 2004, ninguna pancarta o invectiva apareció en el Reino Taifa a favor del agua. Y se necesitaba. La paradoja es que los murcianos han seguido votando con religioso y creciente fervor a un tipo que, a pesar de que supuestamente era prioritario, no ha traído en catorce años ni una sola gota de agua extra a la región, ni una sola que no se recibiera antes de gobernar él. Más paradójico -y lamentable- será que el tío se vuelva a presentar en 2011 y que vuelva a ganar a pesar de que hasta sus propios compañeros de partido le nieguen el Tajo-Segura en Castilla-La Mancha. Sólo caben dos explicaciones posibles: o el electorado murciano es completamente estúpido, o es que realmente a Murcia le interesa un huevo el agua, a juzgar por las declaraciones de sus ciudadanos. Lo cierto es que nos hemos acostumbrado tanto a vivir del cemento rápido como a esperar que el agua al murciano le tiene que venir necesariamente de fuera (que le llueva al vecino y me la traiga, y aquí que no llueva, que baja la rambla). La verdad es que visto así, esto parece una película de Woody Allen sobre las repúblicas bananeras.
Por no hablar de la política en comunicaciones, según la cual todo tiene que pasar necesariamente por la capital, aunque eso signifique atascos monstruosos y perdida de desarrollo comarcal. De eso sabemos mucho los jumillanos. Al final, es lo mismo de siempre: lo que impota es que cuatro señores del centro de Murcia (ya sabemos que las pedanías están sólo para chuparles la sangre) hagan su particular agosto a expensas de comarcas desestructuradas, mal comunicadas entre sí, cuya única esperanza, descartada el agua agrícola, era el cemento rápido. Como tampoco podemos ya vivir del ladrillo sólo queda nuestro Regalo de Reyes: Murcia ha sido la Comunidad Autónoma que más empleo ha perdido en España. Tan panchos. Luego vas y se lo cuentas a Zapatero, mientras con la otra mano votas a Valcarcel. Felices Reyes Magos.
Los políticos murcianos merecen el voto en blanco en la Comunidad Autónoma.
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