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Del mirar y el fotografiar 14 dic 2015 11:09 Placido Guardiola

Paralelismos y diferencias entre el ojo y la cámara «El ojo y la cámara»
Fotografía a contraluz

Del mirar y el fotografiar De todos los sentidos que posee el ser humano, la vista es el más desarrollado y al que mayor uso damos a diario. Su uso es tan habitual en nuestras vidas que llegamos a pensar que el acto de ver y mirar es intuitivo y simple; sin embargo pocas veces somos conscientes de la complejidad que encierra ese acto tan cotidiano en nuestras vidas.
«Creemos ver a través de los ojos con los que miramos, cuando en realidad vemos con el cerebro...»
Creemos ver a través de los ojos con los que miramos, cuando en realidad vemos con el cerebro, el ojo sólo recibe estímulos de lumínicos en distintas frecuencias (los colores) pero no son ellos los que ven, sino que la imagen que creemos ver se procesa en nuestro celebro al igual que la imagen que sacamos de nuestra cámara digital es revelada y reinterpretada por el procesador y el software que contiene nuestra máquina.
La prueba de ello la tienen en que nuestra vista y ojos no perciben la tercera dimensión, la profundidad la reconstruye nuestra mente al contraponer dos imágenes bidimensionales que se toman a unos 7/10 centímetros de distancia (la del ojo derecho y el izquierdo). Por si fuera poco percibimos el paso del tiempo en lo que vemos, intuitivamente sabemos que la hoja que hay que el suelo hace un tiempo se desprendió de la rama del árbol, percibimos pues la realidad exterior en cuatro dimensiones alto, ancho, fondo y tiempo. Esto es posible porque las imágenes que miramos no las construye el ojo sino el celebro.
El mirar es muy rápido e inconsciente, nuestro celebro no para de enviar órdenes a los nervios ópticos ordenando que miren esto o aquello, que enfoquen este punto o el otro. Pocas personas son conscientes que también nuestra mirada enfoca según ordena el celebro aquel punto que es de nuestro interés, pero que no vemos todo nítido como exigimos de una fotografía. En la fotografía nos valemos del llamado campo de profundidad a través de la regla que nos indica que con un diafragma más cerrado se amplia y lo que sale medianamente enfocado abarca a la vez objetos más cercanos y lejanos. Pero nuestro mirar es como el de la cámara, sólo enfoca un punto. Si lo vemos todo enfocado es porque nuestro celebro manda a los ojos enfocar los primeros planos y los últimos a una velocidad increíble, de forma que nos parece ver todo enfocado pues miremos lo que miremos lo veremos a foco. En realidad no es así, vemos una cosa a foco y después la otra porque nuestro celebro se anticipa al mirar y rápidamente cambia de enfoque.

«El sensor del ojo humano equivale varios cientos de megapixeles de los cuales la mayoría sólo detectan grados de luminosidad en blanco y negro y de todos ellos nuestro celebro sólo utiliza una mínima parte...»
A pesar de que se dice que un objetivo de 50 mm equivale a la visión humana, no es cierto. Los estudios sobre el comportamiento físico del ojo humano nos dicen que este es capaz de ver casi 180 grados lo que equivaldría más bien a un 10 o 15 mm en un objetivo de nuestras cámaras y algo menos en vertical. Ocurre que sólo es capaz de enfocar una pequeña parte de esa visión, la que está en el centro de la mirada. Su visión media es de unos 22 a 24 mm y esto lo hace con grandes aberraciones cromáticas que luego nuestro celebro elimina y corrige. El sensor del ojo humano equivale varios cientos de megapixeles de los cuales la mayoría sólo detectan grados de luminosidad en blanco y negro y de todos ellos nuestro celebro sólo utiliza una mínima parte.
Con la luz pasa algo similar, podemos ver el campo iluminado a pleno sol con detalles en las luces, si nos fijamos a continuación en el tronco del árbol que tenemos delante, que está en la sombra y a contraluz, somos capaces de reconocer la textura y detalles de su corteza. Simplemente nuestro iris se cerró para ver los campos iluminados y se abrió para percibir la corteza del árbol en la sombra.
Hasta la llegada de la fotografía digital era muy difícil sacar detalles en las altas luces y conservar también los detalles en las bajas. O al revés, la disparidad entre un objeto claro iluminado por el sol y uno obscuro en la sombra es tan alta que la respuesta química de la película no podía. Los viejos papeles en blanco y negro tenían que representar desde las luces más brillantes a los negros más profundos en sólo nueve tonos, desde el blanco roto al negro quedaban siete niveles intermedios de gris. En esos escasas nueve niveles tenían que caber los infinitos tonos de la realidad.

Una foto bien expuesta a contraluz no podía mostrar mucho más de lo que aparece en la imagen superior, incluso es posible que ni siquiera llegara a ella y la imagen que abre este post sería sencillamente imposible. En la fotografía analógica la llamada latitud de exposición (también llamado rango dinámico) se reducía pues a nueve niveles. Hoy con la fotografía analógica la latitud o rango dinámico se amplía a catorce o dieciséis, especialmente si se dispara en RAW y se hace un revelado correcto. Esa es la clave de que puedan obtener fotografías a contraluz y conservar algún detalle en las zonas de sombra.
«Al igual que miramos con los ojos pero vemos con el celebro, nuestra cámara mira por el sensor y ve a través de su procesador y su software...»
Al igual que miramos con los ojos pero vemos con el celebro, nuestra cámara mira por el sensor y ve a través de su procesador y su software. Por qué entonces si ponemos tanto interés en la composición, en el encuadre, tenemos que dejar que sea un programa informático quien decide lo que se ve y lo que no. Porque dejar en sus manos que azul queremos el cielo o qué verdes y rojos saldrán en nuestra imagen. He aquí donde veo la necesidad imperiosa de que todo aquel que se considere fotógrafo debe también revelar sus fotos. La fotografía no nació con el deseo de ser un calco de la realidad, el fotógrafo no pretende imitarla o copiarla sino expresar con ella sentimientos y emociones, invariablemente las suyas ¡claro está!, pero en esto radica el que sea un arte y no un ejercicio mecánico de fotocopiar lo que vemos. El mirar y el fotografiar son pues actos muy, pero que muy personales si antaño se consideraba un mérito la técnica del fotógrafo que quitaba el automático para decidir sobre las luces que recogía su película exponiendo en manual, por la misma razón, hoy tiene más mérito el controlar el proceso por el que se forma la imagen para que aquello que sale en la foto sea lo que vio el fotógrafo al disparar.
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Murcia, qué horrotonda eres 26 ago 2012 11:46 El rendrijero

«Glorietas hermosas»




Algunos dicen que Murcia es la ciudad con las esculturas más feas de Europa. Otros en cambio, le otorgan el título de tener más «horrotondas» (por el horror que da contemplarlas), por metro cuadrado del mundo.
Sea como fuere y teniendo en cuenta que, para gustos los colores y, cada cual llevamos el nuestro particular instalado; la verdad es que nuestra capital no es muy agraciada si juzgamos el impacto visual de algunas de sus glorietas.
Hay hasta quien dice que la mayor aportación a las bellas artes de nuestra región ha sido su contribución al «rotondismo», término acuñado por el crítico de arte de ABC Fernando Castro.
Los murcianos llanos y campechanos, pasan a diario junto a ellas sin mayor perturbación para sus espíritus. Sólo su curiosidad y sorpresa por lo que terminan por no comprender les lleva a ponerle sobrenombres a estos artilugios que le recuerdan algo con sentido. De ésta forma, al igual que bautizaron a la Plaza de Europa como la «Plaza del coño» (pues ni Dios sabía qué coño era aquella escultura, ahora rebautizan sus glorietas con otros sobrenombres: «El pajarraco», «El grillo», «Los cigarros», «Los cigarros», «El alienígena»
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Arquitectura singular 11 ago 2012 23:59 Placido Guardiola

«La arquitectura al servicio del hombre»




La vorágine del ladrillo ya sabemos a donde nos ha conducido, por ello es el momento de reflexionar sobre esa locura vivida. Esa en la que de un modo u otro todos hemos participado, si bien es verdad que unos más que otros. La hacen los ciudadanos quienes se ven con veinte años de hipoteca de sus viviendas por delante, pues nadie las compraría hoy ni a mitad de su valor de tasación. La hacen los bancos, principales propietarios de los inmuebles cuyas hipotecas han ejecutado; también la administración pública que encontró en ellas la gallina de los huevos de oro y unas ubres de ingresos que parecían infinitas, aun cuando les condujo a levantar grandes obras y edificios públicos endeudándose indebidamente…
Pero ante todo, deben reflexionar los arquitectos. Pensar que si bien su trabajo es un arte, este debe estar al servicio del hombre, debe cumplir con su función, hacer más humano el espacio, cómodo y funcional de forma que las estancias plazas y calles estén ante todo al servicio del hombre y sus necesidades. Todo eso, claro está, además de cumplir una función estética.
Ocurre que, en ésta vorágine constructiva, los arquitectos olvidaron algo que dijo un gran arquitecto: «La función de la arquitectura debe resolver el problema material sin olvidarse de las necesidades espirituales del hombre» (Luis Barragan 1902/1988). No se trata pues de sacrificarlo todo a la estética de la genialidad, a lo llamativo que nos garantizará el triunfo en el concurso público convocado para proyectar esa edificación singular o a las revistas de arquitectura y edificación.


Otro arquitecto español Julio Cano Lasso (1920-1996) afirmaba: « La arquitectura es un reflejo de la sociedad que la construye. La sociedad esta desorientada y los arquitectos, con nuestras modas y caprichos, tenemos mucha culpa».
Durante la burbuja inmobiliaria se ha construido mucho, tanto en el sector privado como en el público y en ambos se han cometido auténticos disparates. En el público hemos visto levantar más edificios que nunca, muchos de ellos premios nacionales o especiales de arquitectura y después, a pesar de su originalidad e impacto o belleza visual, se ha descubierto que son un auténtico río de problemas que han obligado a intervenciones de restauración, conservación o prevención de riesgos.
Un caso singular es el nuevo edificio de los Juzgados en Jumilla, diseñado por los arquitectos Juan Atº Sánchez Morales y Carlos Jurado Fernández. El proyecto causó admiración por la solución dada en su fachada orientada al Sur. Los arquitectos querían aprovechar al máximo la luz solar; pero la orientación de su fachada al Sur obligaba mitigar el rigor del sol, se trataba como ellos mismos aseguran de: «Conjugar iluminación y protección»; sin embargo, como ocurre en toda obra pública, los tubos que estaban previstos en aluminio al final, por déficit el presupuestario, terminaron siendo de tubería corrugada de saneamiento.
El edificio inaugurado en el verano de 2006 causó sensación, pero las inclemencias y el implacable sol de justicia que cae en Jumilla pronto dieron cuenta de los materiales plásticos de los tubos cuyos trozos se desprendían y caían a la vía pública. De ahí que ya fuera objeto este edificio de una intervención, fijando todos los tubos de su fachada con una red. En la actualidad, suponemos que por el mismo motivo, estos tubos de fachada se han desmontado y asistimos a otra intervención en la misma. En definitiva un edificio que apenas cuenta con seis años de existencia, nuevo flamante como quien dice y va por su segunda intervención para consolidar elementos o estructuras del edificio que no son adecuadas.
Quizá la culpa no sea de los arquitectos, ellos las proyectaron en aluminio; pero si era muy costoso, seguramente no eran adecuadas. Claro, que quizá en aquella vorágine entre el presupuesto del proyecto y la ejecución del mismo mediaron otras muchas cosas.
Lo triste, lo penoso es ver como hay que seguir metiendo un dinero que no tenemos en edificios públicos de reciente construcción.
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Las matemáticas de la música 19 jun 2012 09:38 Placido Guardiola

«Musicalizar la Divina Proporción»


Seguro que sabe la relación estrecha que existe entre las matemáticas y la música, quizá haya visto el delicioso corto en dibujos animados de la factoría Disney donde viejo pato Donald explica como la distancia entre las notas musicales se corresponde a las proporciones numéricas que existen entre la longitud de las cuerdas que vibran en la guitarra, violín o el interior de un piano.
Seguramente alguna vez oyó hablar de esa proporción numérica conocida desde el renacimiento y que llevó a fra Luca Pacioli a escribir todo un tratado sobre ella al que llamó «De divina proportione» (La Divina proporción , 1.509)*.
Dicha proporción se encuentra en el crecimiento de las plantas, el desarrollo de las caracolas, las estrellas de nieve al congelarse el vapor del agua o las dimensiones del cuerpo humano, sólo por enumerar algunos casos. Eso, por no enumerar algunos casos más prosaicos tales como nuestro DNI, las tarjetas de crédito o el paquete de cigarrillos. Esa proporción es vista y procesada como canon de belleza cuando la observamos en un cuadro, fotografía, edificio o cualquier elemento producto de la naturaleza. Por cálculo matemático resulta de sumar la unidad a la raíz de cinco y dividir su resultado por dos. A dicho número se le conoce como fi ф=1,618033988749894848204586834365638117720309… popularmente como proporción áurea o número áureo.
Pues imaginen ahora que alguien atribuye a esos números notas musicales, de forma que un 1es la nota “Do”, el 2 la “Re”, el 3 la “Mi” et., etc. al cero se les asigna el silencio y, a todo ello, se le da un ritmo de 161,8 pulsos por minuto. Pues eso exactamente es lo que ha hecho el artista Michael John Blake que, además, le a añadido imágenes. Este es el resultado:

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(*) LUCA PACIOLI (1991): La Divina proporción, Akal, Madrid
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Un fotógrafo singular 20 abr 2011 09:20 Placido Guardiola

«El artista de la sensualidad femenina»



Hace unos días murió Miroslav Tichý a sus 84 años de edad, un fotógrafo muy singular, lo era por la vida de anacoreta que llevaba despreocupado de su aspecto personal y las materialidades de la vida. Su vida trascurrió recluido en una paupérrima vivienda en su pueblo natal, Kyjov en Chequia. Había sido un brillante y excéntrico alumno de la escuela de Bellas Artes de Praga, pero paso su vida dedicado a la fotografía, filosofía, historia o poesía.



Pero ante todo era singular por construirse sus propias cámaras con desechos y basuras, así como por el objeto de su obra: la sensualidad femenina, a la que se dedicó con profusión llegando a tomar hasta cien fotografias de mujeres a lo largo del día. Hoy, muchas de sus fotografías cuelgan en museos de todo el mundo. Durante la mayor parte de su vida fue tomado por loco, hasta que un amigo de infancia, Roman Buxbaum, dió a conocer su obra que en la actualidad cotiza en las mejores galerías del mundo a precios desorbitados.
Todo un ejemplo que demuestra cómo, la técnica, no lo es todo en el arte.
Para saber más:
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Naturaleza, el mayor espectáculo 25 feb 2011 20:16 Placido Guardiola

«La danza de los pájaros»




La mayoría de las veces la naturaleza, por si sóla nos ofrece el mayor espectáculo que podamos imaginar. Hoy un amigo me dejaba este enlace en Facebook. Merece la pena verlo y disfrutarlo, pues dar por seguro que relaja su visionado.
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La revolución digital de la imagen 4 sept 2010 15:03 Placido Guardiola

«Desvirtuar o interpretar la realidad»

La revolución que ha ocasionado la fotografía digital tiene un doble sentido, el primero por su extensión que ha permitido a la mayoría de las personas disponer de una cámara fotográfica, bien directamente o a través de su propio teléfono móvil. En el segundo sentido, quizá tenga todavía más impacto la revolución digital de la fotografía, pues ha ampliado la capacidad de interpretación de la realidad que tiene el autor de cualquier toma fotográfica. Todo esto unido al software y automatismos que implementan hasta las cámaras más simples, permiten al usuario poder olvidarse de tecnicismos a la hora de disparar.
El tratamiento digital al que posteriormente se les puede someter a las imágenes gracias a programas como Photoshop ha multiplicado hasta el infinito el número de posibilidades creativas de este viejo arte de interpretación de la realidad. Tanto, que los más puristas, piensan que tratar con Photoshop una imagen es como un adulterio a la fotografía genuina. En nuestra localidad tenemos hasta un concurso fotográfico «Jumilla en un instante» que busca precisamente eso, la foto in situ, sin retoques ni manipulaciones ulteriores. Vana pretensión en cualquier arte, pues sin manipulación del artista los materiales no tienen más valor artístico que el plástico que la propia naturaleza otorga a todos los elementos. Otra historia bien distinta, es que al final, con tantas posibilidades creativas desemboquemos en ver la realidad de una forma espectacular, magnificada y sumamente manipulada.
Como aficionado a la fotografía creo que todas las posibilidades valen en términos artísticos, eso sí cuando se trata de fotografía documental, social, periodística o testimonial, seguramente sostengo una opinión mucho más limitadora en cuanto al tratamiento de la imagen.
Para muestra de lo que supone el tratamiento digital les propongo el siguiente ejemplo a través de una imagen tomada en una Cala del Cabo de Gata. En la primera tienen la imagen tal cual la serviría cualquier cámara digital en el modo automático sin tratamiento alguno. En la segunda la imagen ha sido revelada con Photoshop a fin de destacar el cielo.



En la parte inferior dos imágenes , en este caso en blanco y negro, en el primer caso con una conversión simple o como nos la daría la cámara puesta en modo B/N, en el segundo caso convirtiendo la imagen en Photoshop para darle más fuerza al cielo.


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El arte de la mendicidad 17 ago 2010 17:27 Placido Guardiola

«Mendicidad callejera»


Pululan por nuestras ciudades toda una multitud de «artistas» de la más variadas ramas que distraen, entretienen y hacen más agradable el transito de los viandantes. La mayoría toca algún instrumento musical amenizando con sus sones el ambiente urbano, otros en cambio, más del arte escénico que del musical, guardan un profundo y respetuoso silencio.
En el más absoluto de los mimetismos, semejan figuras, esculturas, personajes conocidos o famosos o terribles seres trogloditas. Allí te aparece un Charles Chaplin intentando ingerir una vetusta bota, acá una pareja de extraños seres selenitas o aquí un torero cañi que parece el novio de aquellas muñecas flamencas que se colocaban sobre el televisor. Da igual, impávidos e inmóviles permanecen horas y horas ante la mirada indiferente o curiosa de quien por el lugar pasa.



Parece como que ofrecen un singular espectáculo a cambio de unos céntimos o euros que algún viandante deposita en el bote que hay colocado ante ellos. Se diría que es el pago por su paciencia, tesón y constancia en mantener la postura a lo largo de las horas, aunque más bien se trata de la versión moderna de la mendicidad. Mendicidad del siglo XXI, donde no toleramos por cutre al mendigo harapiento o al más lastimero del cartelito con el texto: «soy padre de familia en paro con siete hijos…». No digamos ya aquel macabro del muñón en una pierna o en los dos brazos.
Seguro que pasarse horas y horas en esta guisa tiene su mérito; pero de ahí a considerarlos artistas callejeros hay un largo trecho. Más bien parece una forma de camuflar lo que no queremos ver ni reconocer por la tragedia social que encierra y que tampoco queremos llamar por su nombre verdadero mendicidad callejera.
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Lo que el ojo no capta 13 mar 2010 13:09 Placido Guardiola

«La fotografía espectacular e imposible»

Hace días, cuando les comenté mi parecer sobre la película Avatar, les prometí hablarles de la costumbre generalizada que hemos desarrollado en la actualidad para espectacular toda manifestación artística. Es como si estuviéramos tan saturados de todo, que nada es capaz de sorprendernos, salvo cuando rompe los moldes, la barreras y las percepciones más habituales.

Esa corriente de magnificarlo todo, de hacer de todo un show, un grandioso y magnífico espectáculo visual ha llegado también a la fotografía.


Si observan con detenimiento las imágenes superiores y alguien les pide que indiquen cual les gusta más, seguramente elegirán la segunda. Ambas están hechas con la misma máquina, el mismo autor, idénticas condiciones y las dos técnicamente bien tomadas. ¿Dónde está pues la diferencia?

Jumilla, San Agustín, Pguardio
Arriba toma nolmal, inferior HDR

La diferencia se llama fotografía HDR y software informático, mientras que la primera toma es lo que hasta hace muy poco se podía conseguir si exponías correctamente, la segunda, en realidad es el producto de tres fotografías diferentes tomadas sin mover nada en la cámara, salvo la exposición. Se hace el primer disparo pensando en las altas luces (blanco del muro de la ermita y nubes), la segunda en las sombras más profundas (tronco de los olmos y sombra en la maleza), y la tercera dedicada a los tonos medios de la imagen. Más tarde el ordenador reconstruirá la foto total leyendo para cada zona, aquella lectura lúminosa más apropiada para ella. El resultado el que ven.
Jumilla, San Agustín, Pguardio
Jumilla, San Agustín, Pguardio
Superior toma normal, inferior imagen HDR

La fotografía tradicional, hasta hoy, era capaz de distinguir ocho niveles de luces diferentes entre el blanco total y el negro; no había más y el buen fotógrafo tenía que hacer malabarismos para poder sintetizar una realidad rica en matices luminosos en sólo ocho niveles, si quería obtener una buena imagen. La fotografía digital amplia ahora estos rangos, y la HDR (fotografía de alto rango dinámico), en realidad nos ofrece multiplicar por tres esa capacidad. Seguramente, al verlas estas imágenes nos sorprenderán porque la capacidad de nuestro iris a la hora de componer todos los matices que percibe en una iluminación muy contrastada y con multitud de niveles lumínicos, no llegue más allá de los ocho niveles que ofrecía la vieja fotografía. Nuestro ojo puede apreciar muchos niveles lumínicos,sí; pero no todos a la vez. Al igual que la cámara tiene que seleccionar lo que desea ver bien, si ésta adapta el diafragma, nuestro iris se adecua al nivel luminoso del objeto al que prestamos atención. Si miramos un plano general con muchos niveles diferentes de luz, el iris humano hace lo mismo que la cámara; una media ponderada, donde sólo los tonos medios son percibidos con detalle. En ese sentido la fotografía HDR no es real, va más allá del ojo humano, de ahí que nos sorprenda.

¿Debemos renunciar a la imagen HDR, los llamados falsos HDR o efectos Mellado? Yo diría que no, siempre he defendido las posibilidades del desarrollo tecnológico si amplían las capacidades artísticas del creador. En este sentido, las capacidades creativas se ven ahora ampliadas. Si defendí el uso del color frente al blanco y negro, el uso de lo digital frente a lo analógico, porque entendía que ampliaban las posibilidades creativas, ahora, con más razón no voy a sostener lo contrario.

Estamos en la cresta de una moda, la de la fotografía imposible, nos sorprende, cautiva y gana alabanzas y concursos. Todavía recuerdo a mediados de los setenta el gusto por las fotografías de grano y alta sensibilidad. Después, en pleno auge del color, se decía que las auténticas fotos artísticas eran las de blanco y negro. Modas y corrientes que van y vienen. Todas ellas, al igual que está, llegan a un punto donde se saturan y cansan al espectador, más tarde, viene un uso no abusivo y creativo de las mismas, ahora estamos en el abuso y la novedad.

Pero que nadie lo olvide, una buena foto es buena con independencia de la técnica y modalidad que utilice. Como dice la sabiduría popular, con buenas técnicas y herramientas, el más tonto hace relojes, en cualquier caso: ¡Bienvenidas las nuevas posibilidades a esta forma de expresión!
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El nuevo show de la realidad 5 ene 2010 10:19 Placido Guardiola

«AVATAR el espectáculo»


En la actualidad hemos convertido la realidad en un auténtico show. Es como si hastiados de todo, adormecidos con tantas imágenes alucinantes, con tantas historias, novelas, programas impresionantes hubiéramos perdido toda la capacidad de sorpresa. O mejor dicho, ante tanta sorpresa, solo cabe la espectacularidad para que algo capte nuestra atención, para que así volvamos la mirada hacia lo que de nuevo nos ofrece la realidad.
La película AVATAR , de James Cameron , que se proyecta estos días en las salas de cine ha venido a dar un paso más en la espectacularidad del cine. Estoy seguro que a pesar del guiño ecologista que tiene el argumento de su guión, no pasara a la historia por ello. Sin embargo, creo que AVATAR marcará un hito, un antes y un después en la historia cinematográfica, lo hará por sus efectos, por su renderización y por que quizá la recordemos como realmente la primera película en 3D.
Ayer los telediarios del mediodía hablaban de más de mil millones de dólares recaudados en taquillaje tras sus primeros días de exhibición y va camino de convertirse en la película más taquillera de todos los tiempos. Si les vale mi juicio, les diré que vale los 10 euros que cuesta en una sala de 3D, es un espectáculo sorprendente en este mundo donde ya pocas cosas nos sorprenden y sobrecogen. Sus paisajes (todos virtuales y creados por ordenador), son un derroche de imaginación y síntesis de las más bellas imágenes sobre naturaleza que hemos visto. Su efectos en tres dimensiones, de los más logrados que conozco y les puedo asegurar que he visto bastantes. Sus dos horas de duración transcurren sin apenas cerciorarnos.
En fin... no quiero contribuir al negocio del cine americano, ni al proceso de convertir en espectacular cualquier manifestación artística para que le prestemos algo de atención; pero aún a pesar de ello, AVATAR hay que verla y hay que hacerlo en un cine que la proyecte en 3D. Ya les digo que no me gusta este proceso social de nuestra modernidad por el cual todo debe ser un brillante, magnífico y grandioso espectáculo; sin embargo, esta película hay que verla, entre otras cosas, para darnos cuenta de lo que nos está ocurriendo con nuestros gustos estéticos. Sobre estos y la fotografía, prometo hablarles en otra ocasión.
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Galardón Ana María Tomás Olivares 23 jul 2009 07:44 Placido Guardiola

«Una escritora que comunica»

Nuestra amiga y paisana Ana María Tomás Olivares ha sido distinguida recientemente con el nombramiento de Dama Literatura 2009. Al ser entrevistada por este galardón en un medio local manifestó que: «...lo mejor de la vida es tener amigos y tener personas que te quieran, éste es el mejor reconocimiento...»
Sin embargo, yo creo que el lujo es contar con ella entre tus amigos, pues Ana Mari es de esas personas que cuando te la encuentras te saluda no con el gesto o con la palabra; sino con el alma. Su saludo, como su mirada, irradia una luz especial que desde luego no puede salir de otra parte, y que te contagia de una especial alegría en cada encuentro con ella. De ahí que para nada me extrañe que tu tengas muchos amigos y los consideres un regalo, aunque creme Ana Mari, el auténtico regalo, es tener entre tus amigos personas como tu.

Foto: La Verdad

No soy crítico literario y la simpatía que te profeso además no me dejaría emitir un juicio sobre tu obra medianamente imparcial, tampoco quiero serlo nunca cuando escribo (la imparcialidad como la objetividad no existen), pero si tengo algo claro de tu pluma y literatura, tu no eres una escritora que escribas bien, tu Ana Mari eres además, de esos literatos que comunicas.
Por eso me gustan tus poemas y tus relatos, me gustan desde aquella primera carta de amor que te premió la Universidad y que te dio a conocer en este arte, porque tus escritos, como tu mirada, comunican con una transparencia y sinceridad que llegan al alma que es donde las cosas tienen que llegar.
Enhorabuena Ana Mari por este reconocimiento, pero a quienes te conocemos, no nos ha pillado de sorpresa pues esperamos muchas más.

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