«La libertad que tenemos»
En la actualidad, nuestro sistema jurídico nos reconoce y otorga la libertad de un país libre y democrático, sobre el papel la tenemos toda; sin embargo, en la práctica diaria de la ciudadanía no parece que el ejercicio de este derecho se haya alcanzado y ejercido con plenitud.
Si de verdad la ejercemos, por qué mis paisanos cuando me felicitan por haberme expresado en torno a cualquier asunto público que a todos nos atañen añaden aquello de: «No te achantes, tu que puedes» ¿acaso ellos no pueden?.
Si de verdad la libertad además e un derecho reconocido es ejercicio en nuestra vida ciudadana, por qué cuando ofreces ser autor de este blog a cualquier persona que tiene algo interesante que aportar, ésta elige hacerlo con seudónimo y no con su nombre y apellido. Ya se que eso del seudónimo es muy castizo, pero me pregunto: ¿A qué temen o qué quieren salvaguardar? ¿Por qué casi la totalidad de comentarios que se realizan en el blog también son anónimos?.
Si tenemos esa libertad que hasta la Constitución consagra, por qué he oído tantas veces eso de: «mejor callarse porque como te fichen te joden a la primera de cambio que necesites algo»
Si de verdad la ejercemos, por qué no me paran también algunos paisanos por la calle y me dicen lo de pero: «Pero que cenizo eres, no tienes ni pajolera idea de esto o aquello». Si la tenemos de verdad, por qué no la ejercemos en los foros públicos y no en el corrillo del bar.
A poco que cada uno de nosotros reflexionemos acerca de nosotros mismos, nos daremos cuenta que somos un pueblo adocenado, que lejos de ejercer responsablemente su libertad, calla y aguanta con reverenciar temor al poderoso (sea amo o autoridad). Eso sí, llegado un punto de ira y con la masa del pueblo en la calle, somos levantiscos, nos amotinamos y montamos la algarada. No en vano, el mismísimo Alfonso XIII tenía noticias de nosotros como «El pueblo de los motines».
No tengo explicación para esta forma de nuestro carácter (que amen de jumillano es muy español), pero valga como justificación que nos pasamos dos siglos de historia donde en el poder político se alternaron dos fuerzas políticas que se dedicaron a colocar a los suyos y a fastidiar a los contrarios, así hasta que nos desangramos unos contra otros. Luego ya saben vinieron los «Cuarenta años de paz» y nuestras madres, prudentes ellas, nos enseñaron aquello de: «Hijo no te metas en líos políticos, tu, a lo tuyo».
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