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Desde la estacada (VI) 7 ago 2009 09:27 Placido Guardiola

«La muerte del último renacentista»

Hace tiempo que murió el último hombre del renacimiento, falleció indefectiblemente el hombre culto con mayúsculas. Esa persona que poseía una de las tres grandes culturas de las que habla Dominique Wolton. Aquel que si no tenía «cultura científica» producto del estudio y la investigación, tenía «cultura erudita» esa que está en los libros, en el saber de las artes, la historia o filosofía; si carecía de esas dos, tenía «cultura popular» la de saber hacer, de conocer su medio, su oficio, sus tradiciones y su cultura esa que se mama en el seno familiar y pule la experiencia.
Hoy se ha sustituido la científica por la hiperespecialización de los másters y títulos, la erudita pasó de moda y se desprecia. La popular esa que poseían nuestros abuelos, la barrio del mapa la modernidad y postmodernidad. Ahora en cambio se señorea la «cultura mediática», expandida por la Televisión y ayudada por Internet la red de redes. Una cultura pletórica de vanalidades instantáneas que se suceden al instante entre el famoseo y la ordinariez, carente de reflexión, análisis y razonamiento. Frente al saber enciclopédico (último intento humano por recopilar los conocimientos de su especie), se enseñorea ahora el saber Wikipediano y Googleliano donde nunca sabes si das con la verdad más genuina o la estupidez más grande. Eso sí, todo a velocidad de vértigo, sin esfuerzo, sólo con apretar un botón.
Frente a las ideologías y el pensamiento sobre el sentido de la vida, se alza el pensamiento único, acomodado en lo políticamente correcto, todo sin discusión, sin debate ni confrontación; pero con consenso tácito. No tenemos ideas, sino tópicos repetidos hasta la saciedad y vociferados por los medios. Hoy si vemos un renacentista nos causa la misma extrañeza que un extraterrestre, a lo sumo nos parece un desfasao, un tremendista, un fuera de su tiempo, un inadaptado o alguien políticamente muy incorrecto.
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El Post-Francrismo Democrático 21 may 2009 16:59 Placido Guardiola

Los «Míos» y los «Tuyos», en ausencia de un «Nosotros»

Un buen día de noviembre murió el generalísimo «Paco el victorioso» y, para asombro del mundo, en poco tiempo pasamos de ser una dictadura apestada a una fulgurante democracia. Los españoles nos acostamos adictos al régimen y de derechas como ¡Dios mandaba! y, sin solución de continuidad, nos levantamos demócratas de toda la vida y de centro. Apenas unos años, tras la intentona del 23 F, ya éramos todos muy progresista. Ahora lo seguimos siendo, pero además ese progresismo viene pletórico nuevos matices políticamente correctos tales como: ecologismo, multiculturalismo, feminismo…
A poco que pensemos caeremos en la cuenta que algo falla: o no es cierto lo que la ciencia social y la antropología nos dicen sobre los cambios en la cultura y las sociedades, o simplemente, estos cambios no se han producido en nosotros. Claro, que también queda una tercera vía, la de que estamos instalados en el Postfranquismo Democrático. El adjetivo segundo porque nuestro sistema político lo es en sus formas, el primero, porque en el fondo nuestra mentalidad lo sigue teniendo interiorizado el Franquismo. No olviden que si quitamos los breves paréntesis republicanos, que se acercaron más a un fiasco que a una realidad trasformadora de nuestra sociedad, hemos vivido dos siglos de sucederse ahora los «míos» mañana los «tuyos», donde entrara el que entrara al «otro» ni agua. Nunca en doscientos años tuvimos un generoso «nosotros todos» y así nos ha ido. Se cumplía así el maleficio machadiano del españolito al que una de las dos Españas había de helarle el corazón. Por tanto, con el tiempo nuestra sociedad aprendió a sobrevivir al margen de los vaivenes políticos, al: «hijo tu a lo tuyo y no te metas en líos» y la primera regla para esa supervivencia es estar a bien con los que mandan, da igual del color o signo que sean, lo importante es ser políticamente correctos en toda coyuntura y situación.
A los cuarenta años del generalísimo le podemos achacar de todo, pero si fueron realidad y duraron tanto es por lo que acabo de decir, no por la constante lucha democratizadora del pueblo que un día se despertó siendo lo que nunca fue (al margen de cuatro viejos luchadores que se llevaron las bofetadas). Si algo caracterizó esos años fue sin duda la ausencia de toda ideología salvo la convenientemente se suponía representaba el régimen. Digo se suponía, pues nada más lejos del caudillo que tener una ideología, el era militar y este país lo dirigía castrensemente como si de su cuartelillo particular se tratase (eso es todo). Aquí no se movía ni Dios. Perolas maneras, esas, tristemente las interiorizamos.
Con su desaparición llegaron las formas democráticas, pero en las maneras seguimos siendo lo que fuimos desde finales del XVIII. Volvió el sistema de los «Míos» frente a los «Tuyos», en ausencia de un «Nosotros» como destino común. Nuestros partidos políticos, órganos de participación ciudadana son más franquistas que el propio «Paco el victorioso», las listas, los cargos, los puestos y prebendas, ahora se reparten no por méritos de los candidatos; sino por la consabida gracia dedocrática, todo bajo el lema de «el que se mueva no sale en la foto». Para colmo, como todos queremos ser un poco caudillos y dirigir un mensaje a fin de año a nuestros súbditos, hemos acordado dividir el cuartelillo en diecisiete taifas que denominamos según los casos País, Nación, Región o Comunidad Autónoma. Eso sí, nuestros califas tienen su reino particular con palacio presidencial, gobierno, parlamento y radiotelevisión pública autonómica encargada de dar más lustre y esplendor a su persona.
¿Hasta cuando nos helarán el corazón?
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RESPUESTAS SIN PREGUNTA 19 may 2009 20:43 Bartolomé Medina

Definición de Europa.

Europa es un conjunto de estados independientes que celebra un festival llamado Eurovisión donde, en 2008, una parodia esperpéntica llamada Chiquichiqui queda en el puesto 16 de 25 participantes mientras que en 2009 una canción melódica mesurada y políticamente correcta interpretada por una tal Soraya queda en el puesto 24, el penúltimo lugar.
Conclusión: La parodia kitsch del kitsch siempre vence al propio kitsch. La parodia de Europa siempre vencerá a la propia Europa.
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