«En la diplomacia, además de sonrisas, hay compromisos»
Hace nueve años leí un artículo en el Mundo sobre el pago o regalo que el presidente Bush hacía a Aznar, por entonces en la presidencia española. El artículo hablaba de un satélite espía que el gobierno Estadounidense ponía a disposición del Ministerio del Interior español para vigilar la frontera con Francia, especialmente posibles movimientos y conversaciones de etarras. Sobre la capacidad de este satélite decía: «En términos prácticos son capaces de mirar a través de la ventana de una pequeña calle de Bilbao o pueden escuchar una conversación en el interior de un coche que viaja por carretera hacia Santander».
El tema despertó en mí una viva curiosidad pues me sonaba a ciencia ficción; pero en días, semanas, meses y años posteriores no pude volver a saber más de esta historia.
En 2007 asistía como invitado de las Fuerzas aéreas españolas en su Academia General de San Javier al día de puestas abiertas, allí además de pasearnos en sus aviones y dejarnos conducir el simulador de vuelo de sus reactores, nos despidieron con una conferencia sobre la Guerra electrónica,: medidas y contramedidas impartida por un joven coronel experto en la materia. Al finalizar abrió un coloquio que yo aproveche para preguntarle si la tecnología militar dispone de satélites espías con esa capacidad, ni que decir tiene que cortésmente, además de pedirme mi tarjeta, ni me confirmó ni me desmintió dicha capacidad.
Antes de ayer, un contertuliano de las mañanas en Radio Nacional, daba la noticia, aparecida en los confidenciales de la red, según la cual Zapatero había solicitado a Obama en su reciente visita el volver a poner en marcha el dichoso satélite (por lo visto nos lo habían retirado cuando sacamos las tropas de Irak). Sin embargo Obama, contesto amablemente a nuestro presidente diciendo esto tiene un coste tan alto que, en estos momentos de crisis, la administración americana no se puede permitir.
De nuevo encendida mi curiosidad por el tema de estos satélites que, a su lado SITEL viene a ser una zarandaja, descubro que esto forma parte de algo más complejo, donde los espías de la conocida CIA son hermanitas de la caridad a su lado. Estamos hablando de la red Echelon. Pero de Echelon y su red de instalaciones prometo hablarles en otra ocasión
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Hace nueve años leí un artículo en el Mundo sobre el pago o regalo que el presidente Bush hacía a Aznar, por entonces en la presidencia española. El artículo hablaba de un satélite espía que el gobierno Estadounidense ponía a disposición del Ministerio del Interior español para vigilar la frontera con Francia, especialmente posibles movimientos y conversaciones de etarras. Sobre la capacidad de este satélite decía: «En términos prácticos son capaces de mirar a través de la ventana de una pequeña calle de Bilbao o pueden escuchar una conversación en el interior de un coche que viaja por carretera hacia Santander».
El tema despertó en mí una viva curiosidad pues me sonaba a ciencia ficción; pero en días, semanas, meses y años posteriores no pude volver a saber más de esta historia.
En 2007 asistía como invitado de las Fuerzas aéreas españolas en su Academia General de San Javier al día de puestas abiertas, allí además de pasearnos en sus aviones y dejarnos conducir el simulador de vuelo de sus reactores, nos despidieron con una conferencia sobre la Guerra electrónica,: medidas y contramedidas impartida por un joven coronel experto en la materia. Al finalizar abrió un coloquio que yo aproveche para preguntarle si la tecnología militar dispone de satélites espías con esa capacidad, ni que decir tiene que cortésmente, además de pedirme mi tarjeta, ni me confirmó ni me desmintió dicha capacidad.
Antes de ayer, un contertuliano de las mañanas en Radio Nacional, daba la noticia, aparecida en los confidenciales de la red, según la cual Zapatero había solicitado a Obama en su reciente visita el volver a poner en marcha el dichoso satélite (por lo visto nos lo habían retirado cuando sacamos las tropas de Irak). Sin embargo Obama, contesto amablemente a nuestro presidente diciendo esto tiene un coste tan alto que, en estos momentos de crisis, la administración americana no se puede permitir.
De nuevo encendida mi curiosidad por el tema de estos satélites que, a su lado SITEL viene a ser una zarandaja, descubro que esto forma parte de algo más complejo, donde los espías de la conocida CIA son hermanitas de la caridad a su lado. Estamos hablando de la red Echelon. Pero de Echelon y su red de instalaciones prometo hablarles en otra ocasión
